viernes, 23 de abril de 2010

Nunca subestimes el poder de la idiotez

En una bulliciosa calle peatonal del microcentro cordobés, un señor que camina más adelante escuchando el partido desde una radiecito plateada, arroja al piso dos pilas doble A. Yo, que soy una enfermita, las levanto, lo alcanzo y amablemente le toco el hombro:
-"Señor, disculpe, se le cayeron estas pilas!"
-"Ah, no, ...las tiré. Lo que pasa es que ya no sirven"- dice sin hacerse cargo de mi indirecta.
-"Bueno pero entonces no habría que tirarlas al piso no?"-
-"Nena, si las encontré en el piso!!"
... ... ...
me despedí arrojándole una semi-sonriente mueca de frustración y me fui con las pilas en el bolsillo. Todavía andan dando vueltas por mi casa.


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