martes, 30 de abril de 2013

Real e imaginario

Ayer, sin querer, escuché una conversación entre dos mujeres jóvenes que paseaban a sus perros y sus hijos. La agarré empezada, una decía -"¡La mamá de Guillermo está chocha!" a lo que la otra respondía asintiendo con un suspiro y una sonrisa. Ambas felices esperanzadas en quien sabe qué cosa. Después me atropelló la vergüenza al escuchar el resto de la conversación: una ristra de comentarios irreproducibles acerca de la fulana argentina casada en Holanda.

Si alguien más está 'chocho' con la idea de que Argentina esté representada en el mundo por un Papa y por una Reina Consorte, papado y monarquía, símbolos de obsolescencia social y opulencia, dos de las organizaciones que más daño causaron a los que no eran fuertes ni tenían representación.

Si alguien más se siente chocho como la mamá de Guillermo o las chicas de ayer, más allá del efímero momento de soretaje y de cholulaje, si a vos se te movilizó algo adentro, algo como de orgullo y entusiasmo, te invito, por favor, a reflexionar acerca de todo lo que se supone que significa ser de un país o de otro, el exacerbado nacionalismo y sentido de 'patria', y a averiguar en qué desemboca históricamente la sensación de superioridad esa que aparece cada vez que tenés un poquitito de poder extra. Te invito a vos si lo sentiste. Después, cuando ya se te haya ido la chochera un poco, abrí una nueva pestaña y googleá la palabra 'anarquía', por ejemplo, leé también algo de cooperativas.Y si criás hijos, tratá de que no perciban tu excitación al hablar de tamaña tontería así no se sigue alimentando el vacuo sentido de argentinidad que se manifiesta cada vez en más variadas formas de violencia y en gente tremendamente insatisfecha, como taxistas de ceño fruncido que, al son de radio LV3, comentan -"es que vos no entendés, la gente está mal, se vive muy mal". Bueno, que se empiece a vivir bien entonces.

viernes, 23 de noviembre de 2012

on track

Resulta que en los subtes de NY no hay WiFi pero por suerte una compañía llamada WeMakeCoolSh.it está creando su propia red inalámbrica en trenes, utilizando servidores metidos en bolsas de compra! En la foto vemos a uno de los miembros del equipo de la compañía de trenes Manhattan-bound con un bolso de mano verde de tela que contiene un servidor, router, convertidor de corriente y batería de 12 voltios metidos en una caja de zapatos. Al iniciar sesión, el pasajero se encontará con una interfaz de retro-web con gráficos de 8 bits y una parada de "Encuentros" (secciones de chat) y otras más resaltadas en verde brillante!!!
Pakistán, por su parte, desarrolló el método óptimo para viajar sin perder la visión panorámica del paisaje.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El día de la madre

No tengo nada contra los hijos, al contrario. Ni tengo nada contra el
hecho de que quizá algún maldito grupete de viejitas sin ojos que vive
como topos en un sótano, se haya recluido y formado una logia
adoradora del calendario y la nostalgia y se la pase inventando un día
del año para cada puto rol en el que a alguno seguro le toca caer; y
pagan a sus emisarios con viejas joyas, para que salgan a la
superficie a propagar lo que comenzará siendo un rumor hasta
convertirse en noticia oficial...
Tampoco tengo nada contra la posibilidad de que esos emisarios sean
Los Comerciantes quienes, en un pacto universal secreto, delegaron el
trabajo del sótano a gente instruida a quienes tienen encerrados
amenazados con la muerte de sus madres, ahijados, periodistas y
estudiantes más cercanos.
No tengo nada contra el hecho de que en el laburo te manden mails
alusivos con listados de comercios en los que encontraremos el regalo
perfecto para cada caso. Mails coloridos en los que, con la misma
creatividad anual, asocian a un corazón rojo con el día de los
enamorados; adolescentes rebotando en un colchón de flores, con la
primavera; una niña que apoya una rosa rosada sobre la panza de una
embarazada mientras se miran con dulzura, con el día de la madre. No
es eso lo que me molesta...
Ancianas desde el sótano, rehenes, comerciantes implacables O COMO
FUERE QUE SE ESTÉ INVENTANDO "EL DÍA" del padrino, plomero, enmarcador
de cuadros, delivery, o quien sabe cuántos delirios más se les
ocurrirá hasta completar los 365 días "de"... lo que me enferma es que
no haya escapatoria:
No se puede no participar! No te dejan!
Yo no regalo nada a nadie en "su día" pero ¿y cuando es "mi día"?
¡tengo que poner la cara sí o sí!
El día de la madre, por supuesto, es domingo. Tenemos que eliminar o
"ajustar" cualquier posible plan de fin de semana, llámese tirarnos a
ver pelis rodeadas de nuestros más queridos libros, golosinas y
pinturas de uñas; completamente solas sin atender el timbre ni la
hora. Y ni hablar de si una durmió con alguien con quien se encontró
el sábado a la noche y con quien lo ideal hubiera sido despertar y
seguir en la cama 2 horas más, pedir comida y salir a andar en bici o
escaparse a las sierras con buena selección musical para el viaje,
NO! -a eso dejalo para el día de los enamorados-.
La obligación.
Eso me molesta.
¿Por qué? ¿por qué no dejar en paz a la gente?
Es casi como Navidad en los años en los que una está en pareja TAMBIÉN
con la familia de la pareja:
10 de la noche, recién bañada pero empapada de transpiración, la
cocina con setenta mil grados por el pavo del horno, con la solerita
puesta, mezclando la ensaladita que la concuñada trajo poniéndose de
acuerdo setenta mil veces durante el día con setenta mil llamados
telefónicos y textos con las mujeres involucradas. Y, mientras
envidiás a los niños que hacen competencia de alaridos ante cada
explosión -o al perro al que le clavaron un fuerte calmante y está
soñando con imágenes que jamás podremos imaginar-, mientras pensás eso
y empezás a sonreír, el pelo se te pega en el brillo labial y no te lo
podés sacar porque tenés las manos manchadas con las remolachas de la
ensalada!!!!!!

Pero bueno. No todo es tan terrible:
Al final del día de la celebración en la que haya danzado hipnotizada
la sociedad, sacás cálculos sobre cuánto esfuerzo hiciste para
participar de buen gusto y, por ejemplo, ves la mirada de aprobación
de tus suegros que te garantizan que, al menos por un año, no te van a
criticar las zapatillas sucias, las uñas con la pintura ultraroja
saltada, o las opiniones acerca de la iglesia o de la marihuana, ...
oh sí!, el alivio de saber que quizá en su intento incansable por
aprobarte, se conmuevan con tu esfuerzo y omitan juicios feos sobre
vos en voz alta cerca de tus hijos, porque siempre serán sus abuelos
y, así como los llenan de cositas para el día del niño, recibirán el
regalo del día del abuelo, y les darán a sus nietos unos pesitos para
que ellos te compren a vos algo en Rapsodia para el día de la madre♥

miércoles, 6 de junio de 2012


-"¡¿Prepararon su llanto?"- gritó con una sonrisa deforme de grande y ojos desorbitados, una de las tres amiguitas de mi niña mientras largaba Selena Gomez en el Orfeo. Una ardillesca carcajada al unísono, mucho más estridente de lo necesario, fue la respuesta de las otras dos. La surrealista escena se fundió a negro al apagarse las luces e iniciar el chillido agudísimo de las casi ocho mil niñas explotando de excitación e impaciencia.
Los mensajes de texto entre su papà y yo -quienes veneramos a nuestras bandas favoritas- fueron:
-"Ya adentro. Esto es una pesadilla, cuando venga Biever te toca a vos. Contentas. Al final se encontraron con clarita :-)"-
-"Buenísimo"-
-"Están gritando desquiciadas"-
-"jaja te das cuenta? es el primer recital de nuestra hija"
Hoy ella creció un poco más. Y yo tambièn, por supuesto.

lunes, 7 de noviembre de 2011

No retornable

No deja de sorprenderme la complejidad de la maquinaria de las plantas embotelladoras de personas que funcionan dentro de nuestra cabeza, y ni hablar de las oficinas destinadas a coordinar nuestras habilidades para poner en acción los resultados del previo análisis de mercado. 
Control de calidad, mercancía, plusvalía, riesgo de inversión, empréstitos, contratos, endosos, envilecimiento, elasticidad, estancamiento, explotación: La danza del apareamiento, entre los humanos, está cada vez más difícil de bailar.





viernes, 22 de julio de 2011

Cuando era dócil y andaba en colectivo (segunda entrega)

La quiniela
Ella estaba en un momento económico complicado, bah, simple: no tenía un mango.
Su part-time con el que venía conforme –hasta que se dejó llevar por los cantos de sirena que entonaban incansablemente sus tarjetas de crédito- no le alcanzaba para cubrir las deudas y las pequeñas gratificaciones con las que solemos engañarnos, como dar vueltas hora y media en El Ateneo y comprar ese libro de $35 -que está en pdf pero no es lo mismo-, a esta altura ya eran del tipo Nugatón y pucho suelto.

Así es que esa mañana se descubría a sí misma subiendo a un C4 rumbo a La Quiniela. No a jugar, a trabajar. Sí, un trabajo “momentáneo”, una “suplencia”, como se encargaba de aclarar al que se le cruzara. Era verdad.

Saludó al chofer y se impacientó esperando la respuesta que demoró un largo par de segundos hasta que él devolvió el "hola", era como si el éxito o fracaso del resto del día dependiera de esa reciprocidad. Gozando en secreto de su alivio, hizo entrega del tibio cospel que había encerrado en su mano durante la larga espera en la parada.
Mientras agarraba el boletito de la maquinita que te da el boletito en el bondi, pensó en la gente que entraría a apostar a la Quiniela y se dio cuenta de que encontraría placer en observar y analizar a "ese tipo de" clientes. Podría hacer trabajo de campo de incógnito y arriesgar una nueva categoría a sus clasificación de los roles de las personas. Por suerte siempre encontraba alivio en esas cosas.
Así que se disponía a vivir por veintisiete días hábiles el tan evitado full time. Sus tardes seguirían destinadas a su trabajo de cinco horas y sus mañanas, a la quiniela.
No estaba segura de la actitud correcta ante esa nueva rutina. Claro, ella era cool.
Se sentó en un asiento individual, cruzó piernas y brazos, no se sacó los lentes de sol y se dispuso a prestar especial atención el recorrido ya que no estaba segura de dónde tenía que bajar.
Se miró y pensó en los operarios de la Fiat a los que había observado varias veces dentro del colectivo nocturno. Con zapatotes negros, ropa de grafa, dedos grandes, mirada perdida. Algunos dormidos agarrados del apoya-manos.
Se preguntó si estos pasajeros del C4, eran los de siempre a esta hora y si ya se conocían las caras.
Pensó en si había vaciado el inodoro, ya que su novio volvería antes que ella como siempre. Claro que lo había hecho, es una de las acciones automáticas de la vida.
Pensó en cuál sería la acción automática que sustituye a esa en los que no tienen inodoro.
Pensó en cuántas acciones automáticas hacíamos durante el día.
Sacó cuentas de hace cuántos días vivía con su novio. Pensó en él, el científico con “la chica de la quiniela”. Cuando le estaba por causar incomodidad esa idea -más incomodidad aún-, recordó que él tenía errores de ortografía...ahhh síííí... el viejo truco de concentrarse en las carencias de los otros cuando uno no está conforme con uno mismo. El maldito problema del status y el bendito mecanismo de defensa.
Especuló con el posible origen de las tensas muecas con la boca que hacía el flaco parado a tres filas ¿estaría "duro"? ¿tendría algo molesto en alguna muela y no querría meterse el dedo por una cuestión de higiene?, había estado tocando el largo pasamanos al subir.
Observó a una chica adelante a la derecha, la piba había notado que el colectivo estaba demasiado cerrado y sin embargo no se decidía a repetir el intento de abrir la ventanilla, sí, parecía medio trabada pero había probado sólo una vez, y tímidamente.
Tímidamente.
Recordó a su papá cuando, de niña, le explicó que mucha gente hace cola "como vacas", ni siquiera se aseguran de que sea la hilera correcta, y si llegan y no es... hacen de cero la otra cola!!!!. Recordó cuando él contó que una recepcionista le dijo “-Señor: el horario es hasta las 18:30, ¿no leyó el cartelito?-” y él contestó “-Querida, si leyera todos los cartelitos estaría tomando Coca Cola-”.
Sonrió.
Se preguntó por qué la gente dice “-¿Desciende?-”, o “-¿Desciende en la próxima?-”. No importa el nivel cultural o la provincia de origen, no importa si es un profesor de filosofía, o un loco con remera de La Mancha de Rolando, o un abogadito o una nena de primaria católica, no importa la onda, todos preguntan “-¿Desciende?-” en vez de lo lógico, lo más común, lo más a mano y simple, lo obvio, la pregunta que nuestra mente se hace en realidad que es: “¿baja?” o “¿baja acá?”... “BAJA” Listo!! ¿por qué no dirán BAJA?
Pensó: “No entiendo!!”
Se propuso seguir defendiendo y luchando por el misteriosamente negado “¿baja acá?”. “Voy a imponerlo -pensó con determinación- preguntaré siempre: ¿BAJA acá?” Y se propuso que no le importaría nada. Se dijo “No me importa que todos respiren hondo y se digan con la mirada: mmm... una impostora...aniquilémosla...”.
Sonrió otra vez.
Se le pasó la parada.


miércoles, 1 de junio de 2011

Y curiosamente me hizo volver a escribir en mi abandonado blog


Me gusta que sea directo.

Me gusta su aliento.

Me gusta cuando llama al delivery de nuestros ChowMein.

Me gusta el sabor de sus manos.

Me gusta cuando se ríe con los ojos antes de hacer el chiste.

Me gusta todo el tiempo que se tomó en elegirme la remera que me iba a prestar.

Me gusta cuando tiembla.

Me gusta cuando le gusta.

Me gusta lo que está pensando aunque yo no sepa lo que es....

así que mientras está en silencio, yo lo miro y sonrío.