No tengo nada contra los hijos, al contrario. Ni tengo nada contra el
hecho de que quizá algún maldito grupete de viejitas sin ojos que vive
como topos en un sótano, se haya recluido y formado una logia
adoradora del calendario y la nostalgia y se la pase inventando un día
del año para cada puto rol en el que a alguno seguro le toca caer; y
pagan a sus emisarios con viejas joyas, para que salgan a la
superficie a propagar lo que comenzará siendo un rumor hasta
convertirse en noticia oficial...
Tampoco tengo nada contra la posibilidad de que esos emisarios sean
Los Comerciantes quienes, en un pacto universal secreto, delegaron el
trabajo del sótano a gente instruida a quienes tienen encerrados
amenazados con la muerte de sus madres, ahijados, periodistas y
estudiantes más cercanos.
No tengo nada contra el hecho de que en el laburo te manden mails
alusivos con listados de comercios en los que encontraremos el regalo
perfecto para cada caso. Mails coloridos en los que, con la misma
creatividad anual, asocian a un corazón rojo con el día de los
enamorados; adolescentes rebotando en un colchón de flores, con la
primavera; una niña que apoya una rosa rosada sobre la panza de una
embarazada mientras se miran con dulzura, con el día de la madre. No
es eso lo que me molesta...
Ancianas desde el sótano, rehenes, comerciantes implacables O COMO
FUERE QUE SE ESTÉ INVENTANDO "EL DÍA" del padrino, plomero, enmarcador
de cuadros, delivery, o quien sabe cuántos delirios más se les
ocurrirá hasta completar los 365 días "de"... lo que me enferma es que
no haya escapatoria:
No se puede no participar! No te dejan!
Yo no regalo nada a nadie en "su día" pero ¿y cuando es "mi día"?
¡tengo que poner la cara sí o sí!
El día de la madre, por supuesto, es domingo. Tenemos que eliminar o
"ajustar" cualquier posible plan de fin de semana, llámese tirarnos a
ver pelis rodeadas de nuestros más queridos libros, golosinas y
pinturas de uñas; completamente solas sin atender el timbre ni la
hora. Y ni hablar de si una durmió con alguien con quien se encontró
el sábado a la noche y con quien lo ideal hubiera sido despertar y
seguir en la cama 2 horas más, pedir comida y salir a andar en bici o
escaparse a las sierras con buena selección musical para el viaje,
NO! -a eso dejalo para el día de los enamorados-.
La obligación.
Eso me molesta.
¿Por qué? ¿por qué no dejar en paz a la gente?
Es casi como Navidad en los años en los que una está en pareja TAMBIÉN
con la familia de la pareja:
10 de la noche, recién bañada pero empapada de transpiración, la
cocina con setenta mil grados por el pavo del horno, con la solerita
puesta, mezclando la ensaladita que la concuñada trajo poniéndose de
acuerdo setenta mil veces durante el día con setenta mil llamados
telefónicos y textos con las mujeres involucradas. Y, mientras
envidiás a los niños que hacen competencia de alaridos ante cada
explosión -o al perro al que le clavaron un fuerte calmante y está
soñando con imágenes que jamás podremos imaginar-, mientras pensás eso
y empezás a sonreír, el pelo se te pega en el brillo labial y no te lo
podés sacar porque tenés las manos manchadas con las remolachas de la
ensalada!!!!!!
Pero bueno. No todo es tan terrible:
Al final del día de la celebración en la que haya danzado hipnotizada
la sociedad, sacás cálculos sobre cuánto esfuerzo hiciste para
participar de buen gusto y, por ejemplo, ves la mirada de aprobación
de tus suegros que te garantizan que, al menos por un año, no te van a
criticar las zapatillas sucias, las uñas con la pintura ultraroja
saltada, o las opiniones acerca de la iglesia o de la marihuana, ...
oh sí!, el alivio de saber que quizá en su intento incansable por
aprobarte, se conmuevan con tu esfuerzo y omitan juicios feos sobre
vos en voz alta cerca de tus hijos, porque siempre serán sus abuelos
y, así como los llenan de cositas para el día del niño, recibirán el
regalo del día del abuelo, y les darán a sus nietos unos pesitos para
que ellos te compren a vos algo en Rapsodia para el día de la madre♥
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